jueves, 17 de diciembre de 2015

Romper sin romperse en el proceso V


Rompieron. Fueron algo y ya no lo son. Es decir, cada uno sigue siendo, pero ya no son lo que eran en común. Se despidieron. Torpemente. Porque cuando dos personas se aman pero toca romper, las despedidas son torpes a la fuerza. Si no lo fueran, se sentiría más raro aun.

Ella lo eliminó de su Facebook, Twitter, Instagram, Whatsapp, etcétera. No lo hizo como un gesto vindicativo, mucho menor por rencor ni amargura. Lo hizo simplemente porque era necesario, porque es lo que se debe hacer para iniciar el proceso.

El se colgó de la pantalla de su laptop y de su smartphone, pendiente a cada cambio de estado, cada tweet, cada post, cada foto nueva, cada comentario. Como ya no eran, persiguió su rastro digital, quizás soñando que si lo seguía bien, si no perdía la débil estela de su rastro, este lo llevaría de regreso a ella.

Ella dejó de frecuentar los lugares comunes. Se despidió con gracia de las personas comunes. Evitó las cosas comunes. No se trataba de negar, reprimir o eliminar todo rastro de su presencia. Era tan solo la comprensión de que los constantes recordatorios no eran necesarios, mucho menos útiles al proceso.

El se pasó horas, días, semanas y meses recorriendo sus pasos en retroceso. Quizás pensó que se toparía con ella, en vez de con recuerdos y fantasmas de lo que fue, pudo haber sido y ya no sería. No se despidió de nadie, pero en esos breves instantes de lucidez, quizás notó la extraña ausencia de las personas comunes. “Se fueron igual que ella” habrá pensado. Las cosas communes las dejó en su lugar. Intocables, inamovibles reliquias. Su depa se volvió una especie de santuario, lleno de momentos congelados en el tiempo. La fosilizó en su memoria.

Ella cambió sus rutas. Si, ahora llegar a su destino le tomaría varios minutos más, pero le ahorraría el tener que preguntarse por qué seguía pasando por la misma calle una y otra vez.

El pasaba sus horas manejando “casualmente” frente a su nuevo lugar de residencia. No sabía que le provocaba más ansiedad, la posibilidad de que no la vería, o la posibilidad de que si. No se le ocurrió que la serendipia, mucho más sabia que él, no permitiría el accidente.

Ella se rodeó de sus amigos y de sus personas cercanas. No para que le recuerden constantemente que estaba en proceso de su duelo, sino para cambiar de tema, desconectar sanamente, disfrutar, reír, porque definitivamente había roto pero definitivamente no estaba rota.

El mandó a todo el mundo al diablo. No contestaba las llamadas, los textos, los mails. Evitaba a todo el mundo. No quería saber de nada ni de nadie. Mientras ella salía del caparazón, el encontró un recoveco aún más recóndito dentro del suyo donde ocultarse, lamerse las heridas, escarbar las costras y reabrirlas para que sangren y supuren un poco más.

Ella empezó a escuchar a Mozart y se metió a tae-bo, igual que la chica en la canción de Train.

El se encerró en su depa, escuchando “Drops of Jupiter” una y otra vez en un loop infinito e interminable.

Ella recordó que hay espacio para crecer.

El se aisló tanto, que se quedó sin espacio para hacerlo.

Ella rompió sin romperse.

El no pudo romper, así que se rompió.

Una de las peores cosas que se pueden hacer durante el proceso de ruptura y/o duelo es aislarse. Una cosa es buscar espacios para la soledad, otra cosa muy distinta hacer de la soledad la única compañía. Pasar tiempo con otras personas importantes en nuestras vidas después de una ruptura realmente puede ayudar a aliviar el dolor y hacer la transición más suave.

Salir con los amigos, llamar a los miembros de la familia, empezar una actividad o proyecto nuevo, dedicar tiempo a uno mismo. Cuanto más apoyo tengamos, menos solos nos sentiremos y será más fácil seguir adelante. Porque no se puede seguir en retroceso toda la vida, entre personas, lugares y cosas fosilizadas. - Izzy

jueves, 10 de diciembre de 2015

El complejo arte de darse cuenta que no está funcionando.

Les cuento, a finales de enero, escribí el post “El difícil arte de arrancarse la curita”, inspirado en un artículo de Danielle Laporte, titulado: “The euphoria of admitting when it sucks” (La euforia de admitir cuando apesta) acerca del arte de rendirse, fracasar y saber cuándo suficiente es suficiente (o demasiado).

Retomando el tema, ¿Cuándo o como sabemos que suficiente es suficiente, que hemos llegado a ese punto de quiebre en nuestra relación y que nuestro instinto o intuición (que lamentablemente en la mayoría de los casos nos han enseñado desde pequeños a desoír o apagar por completo) nos está enviando señales de alerta?




Algunas señales de que no está funcionando:

Tu lista de “contras/desventajas/desagrados/defectos” ya superó por amplio margen tu lista de “pros/ventajas/agrados/virtudes”.

Es simple, todos idealizamos a nuestra pareja al principio, es parte del enamoramiento y le podemos echar la culpa a la oxitocina (¡maldita oxitocina!), pero cuando ya pasó la etapa de enamoramiento, toca empezar a descubrir, procesar y aceptar lo “no tan maravilloso” de tu tal para cual, a menos que quieras seguir idealizándolo y viendo todo color de rosa, pero ni se te ocurra echarle la culpa a la oxitocina, ya la ahuevazón es 100% propia. Entonces, nuestra amada pareja será una bonita mezcla de lo bueno, lo malo y lo feo pero se supone que haya un balance adecuado, aceptable o al menos, cónsono con tus expectativas e ideales (¡realistas!). Si la lista no pinta pareja, ya te toca elegir qué hacer, y aquí es donde para muchos, “lo bueno, lo malo y lo feo” se convierte en “lo idealizado, lo negado y lo reprimido”. 

Toda relación requiere trabajo… ¿pero tanto trabajo?

Si, toda relación requiere trabajo, y a veces se requiere de mucho y es justificable, pero cuando te empiezas a preguntar si realmente una relación debería costar tanto o ser tan difícil, o tan confusa, o tan complicada, tu querido instinto (o intuición) está tratando de avisarte que algo anda mal. Cuando la parte “trabajo” de la relación empieza a devorarse a todos los demás aspectos de la misma, entra el tedio, el cansancio, la frustración, la ira y la amargura (esto se hace evidente en etapas medias y avanzadas de terapia de parejas, cuando pareciera que lo único que hace la pareja es ir a terapia y trabajar en la relación). Si te dan ganas de llegar tarde al trabajo, o de faltar, tomarte vacaciones o renunciar y buscar otro empleo… ya sabes.

Bienvenida, ansiedad anticipatoria. 

Muy parecido a lo anterior, cuando empiezas a odiar tu trabajo, los domingos emocionantes se transforman en domingos angustiantes, sabiendo por anticipado que mañana hay trabajo y ya no te lo aguantas. Todo evento, actividad, situación que antes disfrutabas con tu pareja, ahora preferirías evitarla. Salidas al súper, tardes viendo tele en la sala, visitas a amistades o familiares, etc. Pareces sentirte más libre, a gusto y en paz cuando tu pareja está en otro lado y tienes tiempo y espacio para ti. Esa es la luz amarilla. ¿La roja? Cuando prefieres evitar tener sexo con tu pareja en vez de buscar tenerlo.

“Ustedes hacen una des-pareja muy bonita.”

¿Te acuerdas cuando te jactabas con tus amig@s del excelente equipo que tú y tu pareja hacían? Química perfecta, conexión total, sincronía absoluta, se completaban las palabras… hasta los pensamientos, ¡orgasmos simultáneos! Ahora te sientes como las parejas de Hollywood, jurando y recontra-jurando que todo está bien y divorciándose a la semana siguiente. La pareja ahora es des-pareja y parecen incapaces de coincidir en lo más mínimo. Ya no se entienden. No solo no entienden a la pareja (luz amarilla), están empezando a desentenderse a sí mismos (luz roja). Lo que fluía ya no fluye. Estancados estamos.

“No es que dejé de amarte. Solo siento que estoy empezando a odiarte.”

Dicen que lo opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia, pero junto con la amargura (que se desarrolla después de mucho tiempo de rumiar ese odio y resentimiento), cualquiera de las tres (y toda combinación posible) hace un arma perfecta para matar al amor, la relación o ambos. Claro, junto con el odio viene la culpa de sentirlo, especialmente hacia esa persona que se supone amamos, por lo que usualmente se guarda en el cajón de lo malo (negado) o lo feo (reprimido) en vez de tomarlo por lo que es: una emoción, desagradable quizás, pero que está cumpliendo una función importante, avisarnos que algo está mal y hay que hacer algo al respecto… a menos que queramos que ese odio crezca (y lo hace aunque sea negado o reprimido) y se convierta en resentimiento y amargura.

¿Conclusiones?

Las señales están ahí, nuestro instinto o intuición nos informan de ellas, pero muchas veces las tomamos como “así se supone que sea esto”, o sea, perpetuando esas ideas distorsionadas acerca del amor y la relación de pareja o preferimos ignorarlas para evitar sentir la culpa (culpa de sentir lo que sentimos y culpa de herir a la otra persona por sentirlo).

No estoy diciendo que esto significa que ya no hay arreglo, solución o esperanza para la pareja, eso ya depende de uno. Es como cuando un carro se daña, en algunos está el hacer lo imposible por lograr que vuelva a arrancar, en otros está el darlo por muerto y buscar uno nuevo, en otros está el decir “Mmmm, bueno, voy a caminar por un tiempo, o tal vez me compro una bicicleta en vez…” y otros deciden quedarse ahí, sentados en un carro que no va para ninguna parte.

Tener la honestidad de aceptar las señales de que algo no está funcionando y no darle “mute” al instinto o intuición al menos es un primer paso, un paso honesto, mas no sea con uno mismo, y en un mundo perfecto, con la pareja. Pero ya sabemos que no vivimos en un mundo perfecto.

Namaste - Izzy

Fragmentos extraídos del artículo “The euphoria of admitting when it sucks” por Danielle Laporte: http://www.daniellelaporte.com/reprise-euphoria-of-admitting/
Imagen: http://mimikascraftroom.deviantart.com/art/Fixing-a-broken-heart-65913383

jueves, 3 de diciembre de 2015

Romper sin romperse en el proceso IV.

Un par de entradas atrás, compartí acerca de si nos puede gustar el BDSM sin saberlo, obviamente un tema que va muy por el lado de la sexualidad, ¿Qué tiene que ver esto con las rupturas y los duelos? Bueno, es muy simple, independientemente de que tanto nos guste o no el sadomasoquismo en la cama, a la hora de las rupturas, parece que a todos se nos da por volvernos masoquistas, ¿o no?

Parecemos monjes de la era medieval, auto-flagelándonos por nuestras “culpas” y “pecados” que seguramente provocaron que cayéramos de gracia, o en desgracia, y nos quedáramos solos. Adivinen que, hay mejores maneras de romper sin romperse en el proceso que jugar al rol del sacerdote auto-flagelador, es hora de ser un poco más misericordiosos con nosotros mismos y aprender formas más saludables y adaptativas de manejar nuestro proceso de ruptura/duelo sin torturarnos por el camino.

Al dolor no lo vamos a evitar, es una parte del proceso, digamos que es una de tantas pruebas que debemos superar durante la ruptura. A la que si podemos evitar es a la prima toxica del dolor, la obsesión, que también parece ser hermana por conveniencia del auto castigo sacado totalmente de contexto.

Y es que, si ya sabemos que nos duele que esa persona ya no esté presente en nuestras vidas, ¿Cuál es la necesidad de torturarnos o martirizarnos aun más de lo necesario? ¿Será que nos cuesta soltar? ¡Claro que sí! Nos cuesta aprender a dejar ir cosas, personas y lugares; después de todo, el reflejo de apretar y no soltar es innato en los seres humanos.




¿Y si cambiamos los latigazos dolorosos por palmaditas reconfortantes?

Dejar ir implica desapegarse a la fuerza, ¡y los seres humanos estamos apegados al apego! Los monjes budistas en su máximo estado de iluminación y trascendencia logran el desapego… ¡y nos caen de la patada! Mientras ellos van por la vida desapegados de todo, nosotros vamos cargando nuestro apego a cuestas y maldiciendo: “Monje budista de mierda, por qué no te metes el desapego por el…”

Como nos cuesta desapegarnos, o despegarnos, hacemos todo lo contrario, nos apegamos o pegamos aun mas. ¡Qué pegajosos somos los seres humanos! Ahora sí, esta “pegajosidad” está muy lejos de ser esa cualidad afectiva enternecedora (y muchas veces empalagosa, pero aun así dulce) de cuando estamos en pareja, y se parece más al comportamiento típico del “obsesionado borderline stalker”.

De la noche a la mañana nos convertimos en una mezcla de espía/detective privado/hacker/despechado/obsesivo/mártir, y delirantes, porque en nuestras mentes se nos ocurre que a nuestra ex pareja eso le va a parecer atractivo. Claro, ¿quién se resiste a un mártir despechado obsesionado?

Pasamos “casualmente” por la calle de la casa o el depa de nuestra ex pareja, les seguimos la pista en Facebook y Twitter, nos fijamos si cambio la foto o el estado en Whatsapp, marcamos su número “sin querer” (“¡No, no fue mi trasero el que marcó cuando me senté en el celular, fue el destino!”). Ya saben, cosas por el estilo. Vamos, no se hagan que seguro al menos una de la lista la hicieron.

El que busca encuentra, al menos eso dicen por ahí, y de tanto repetir los comportamientos arriba indicados, en algún momento nos vamos a topar con algo, y ese algo va a representar simbólicamente a ese látigo que estuvimos buscando para auto flagelarnos mientras repetimos como mantra: “Por mi culpa, por mi culpa, por mi culpa...” ¿Y saben qué?, de repente sí, no necesariamente culpa, pero si responsabilidad, por habernos puesto en la posición de mártires obsesivos en vez de ocuparnos de lo que nos concierne: HACER NUESTRO DUELO.

Y adivinen que, el duelo no se hace a punta de latigazos. Tampoco se hace pasando veinte veces al día por la calle de nuestra ex pareja ni siguiendo sus movimientos en redes sociales en busca de una señal. Menos echándose culpas y poniéndose la etiqueta de pecadores. Cambiemos las culpas por responsabilidades y cambiemos la etiqueta de pecadores por la de seres humanos.

Cambiemos esos latigazos en la espalda que duelen por palmaditas que confortan. La idea de hacer el duelo es sentirnos mejor, poco a poco, no peor. Romper sin romperse en el proceso. Nos vemos en el camino. - Izzy

jueves, 19 de noviembre de 2015

Romper sin romperse en el proceso III.

Rompieron, la relación llegó a su fin, abrieron la caja de Schrödinger y descubrieron que si, efectivamente, el gato estaba muerto, más que muerto y el cadáver apesta. Es hora de enterrar la relación y ninguno de los dos sabe si hacerlo, si tratar de resucitarla o saltar a la tumba y enterrarse en vida con ella. “Tal vez si salto, él (o ella) también lo haga, y viviremos por siempre infelizmente, 2 metros bajo tierra y junto a una relación muerta… ¿no es un cuento de hadas hecho realidad?” Si, ¡si se lo soñó Edgar Allan Poe, de repente!

Cuando hacemos el duelo de nuestra relación que ya no fue, pasa algo muy similar a lo que ocurre durante los entierros, todo el mundo habla acerca del difunto (en este caso, la relación) como si hubiera sido todo bueno y nada de malo:

“¡Se veían tan bonitos juntos!”

“¡Hacían tan buena pareja!”

“¡Eran tan unidos, un equipo!”

“Tan buena gente los dos, tal para cual!”


Y, claro, los dos empiezan a pensar lo mismo y a buscar excusas y justificativos para una resucitación temprana, después de todo, el cadáver está aún fresco e ideas más torpes se han visto, entre océanos de oro y tumbas de sal:

“¡Es que nos veíamos tan bonitos juntos!”

“¡Es que hacíamos tan buena pareja!”

“¡Es que eramos tan unidos, un equipo!”

“¡Es que somos tan buena gente los dos, tal para cual!”


Ahora ya ambos están delirando que la relación resucita milagrosamente, con una enorme sonrisa, proclamando a los cuatro vientos: “¡No, no me morí! Estoy viva, su fe me revivió y ahora nunca, nunca, jamás los dejaré! ¡Weeee!”

Así, llevados por el impulso, el miedo a la soledad, el apego y la idealización, planean un “revival” de la relación…

… a los cuatro días, ambos desean que hubiera seguido muerta, o planean como darle una segunda muerte. Los dos se hacen la misma pregunta: “¿En qué diablos estaba pensando?”




Mejor convivimos un tiempo con fantasmas pero no con idealizaciones.

El proceso de des-idealización de la pareja y de la relación es un proceso fuerte, un golpe de frente a 180 kilómetros por hora con una pared de concreto de 60 centímetros de espesor llamada “realidad”. Sin bolsa de aire. Sin cinturón de seguridad. Sin “dummies” detrás del volante. Y si, seguimos vivos después del impacto, a pesar de sentirnos muertos.

Y es que cuando uno extraña, no extraña lo malo, al contrario, lo malo se niega, se reprime, se minimiza, le buscamos la vuelta que sea para hacerlo encajar en nuestro rompecabezas, aunque queden las piezas chuecas.

Se nos cayó la pareja y la relación del pedestal y hacemos lo imposible por volverla a montar. ¿Y saben qué pasa? Cuando fracasan nuestros intentos por hacerlo, cavamos un pozo para nosotros, para mantener la ilusión de lo ideal que nunca fue y nunca será. Y es que desde el fondo del pozo, todo y todos parecieran estar sobre un pedestal, ¿no?

La pregunta es: ¿realmente tu plan de vida implicaba vivir en un pozo?

Convivir por un tiempo con los fantasmas de lo que fue, no será y pudo haber sido no es fácil, pero es mejor que seguir viviendo ilusionados con idealizaciones, sobre todo después de haber sobrevivido a un choque frontal con la REALIDAD.

No hablo de irse al otro extremo, no hablo de satanizar ni a la ex pareja ni a la ex relación. Hablo de hacer un recuento, un inventario, justo y necesario de lo bueno y lo malo, para tener una visión real de lo que fue la relación y tener una visión real de nuestra ex pareja y de nosotros mismos.

Seamos responsables sin ser injustos, con nosotros mismos y con aquella persona que para bien o para mal, eligió compartir parte de su vida con nosotros, y elegimos compartir parte de la nuestra con ella. Al final de una relación, cada cual recoge su paquete, sus proyecciones, las cosas que proyectamos (buenas y malas) sobre nuestras parejas y sobre la relación, y nos hacemos responsables.

No botemos lo bueno con lo malo, ni lo malo con lo bueno. En este proceso de duelo, de romper sin romperse en el proceso, nos toca elaborar tanto lo bueno como lo malo, porque de lo contrario, siempre nos vamos a quedar con la mitad de una historia, una historia a medias de una relación a medias, y lo único que nos quedará de saldo será un duelo a medias.

Bienvenidos a la realidad. Bienvenidos al duelo. Nos vemos en el camino. - Izzy

jueves, 5 de noviembre de 2015

Romper sin romperse en el proceso II.

Después que terminé de elaborar la entrada anterior, me quedé pensando, ¡qué difícil que es hoy en día evitar caer en esas “zonas grises” entre “fuimos” y “ya no somos” que ocurren después de una ruptura. Y es que las redes sociales nos tienen enredados y es difícil desenredarse, y especialmente aquí en Panamá, donde los 6 grados de separación a veces parecen ser 3, 2 y hasta 1. 

Redes sociales, amigos mutuos, ex-familiares y todo lo demás también…

Es casi inevitable toparse con la presencia de esa persona que ya no es parte de tu vida en las redes sociales, en encuentros con amigos en común, al cruzarse con los ex-parientes políticos en la calle, en el súper, en el centro comercial, cine, etc.

Incluso si eliminas a tu ex pareja, ex parientes políticos y ex amigos en común de tus contactos en redes sociales, es tan fácil que indirectamente te des cuenta de que alguien que sigues o te sigue también sigue o es seguido por tu ex pareja.



¿Será que hay que desconectarse del mundo hasta que termine el duelo? Si queremos romper sin rompernos en el proceso, toca tomar todas las medidas preventivas posibles, sin tampoco dejar de vivir. Evitar los lugares comunes, evitar las situaciones dónde sería previsible toparse con el recuerdo o los fantasmas de lo que fue, no fue y pudo haber sido.

¿Y si nos pasa, por mas prevenciones que hayamos tomado? Respirar profundo y comportarse con dignidad. Sobrellevar el momento de la mejor manera posible, procurar hacerlo lo más corto posible y seguir camino.

Ojo, no me refiero a que ahora tu ex pareja y tu son enemigos a muerte, indeseables, no se pueden ni ver, sino que no es fácil toparse con la persona con la que compartiste un montón de cosas lindas y ambos saber que ahora es diferente. Cuesta, y es una parte natural del proceso, mas aun si hubo muchas vivencias positivas y profundas compartidas.

Otro punto importante, es muy difícil predecir cómo vamos a reaccionar (o como va a reaccionar la otra persona) si ocurre un encuentro después de la ruptura. Uno se lo imagina de una forma, se hace toda una película en la cabeza, anticipa los diálogos y las reacciones… y cuando pasa, ¡nada que ver! Se nos olvidan las líneas, no sabemos qué decir, que hacer, ¡casi nos dan ganas de salir corriendo como en las comiquitas!

No se auto-castiguen de más, eso también es normal y parte del proceso. Se va aprendiendo sobre la marcha y no hay dos rupturas iguales, porque no hay dos relaciones iguales y cada persona es un mundo y cada pareja y ex-pareja es una combinación única de esos dos mundos (aunque sean mundos que ya no son).

Si sienten que reaccionaron mal, o no como hubieran querido, si terminaron bien o más o menos bien y aun hay un canal de comunicación posible, pueden explicarse y aclararse (ojo, si saliste de una relación codependiente, recuerda que es la dinámica usual preocuparse de mas por la otra persona y de menos por uno mismo y que es hora de empezar a dejar de hacer eso, aunque nos cueste, quizás esta vez lo mejor sea resistir la tentación de explicarse y aclararse ante la otra persona, y en lugar de eso, mejor aclararse y explicarse ante uno mismo, para no seguir repitiendo patrones). 

Si terminaron mal y ya no hay canal de comunicación, bueno, mas justificación para reaccionar así, ¿qué se le va a hacer? Somos humanos, y en este momento, nuestra prioridad es nuestro bienestar y confiar en que la ex pareja también esté velando por la propia, para que nadie se rompa en este proceso de romper. Nos vemos en el camino. - Izzy.

jueves, 22 de octubre de 2015

Romper sin romperse en el proceso.


Romper es un proceso doloroso, independientemente de que rompan con uno, sea uno el que rompa con la otra persona, o el rompimiento sea mutuo. Es bueno saber qué cosas podemos hacer para que el proceso sea más llevadero, pero de nada nos sirve si ignoramos aquellas cosas que debemos NO HACER en el proceso.

Las cosas que debemos NO HACER (usemos las mayúsculas para recordar justo eso, ¡NO DEBEMOS HACERLAS!) son precisamente las primeras cosas que nos viene a la mente hacer cuando rompemos (o nos rompen) y ahí sí que, para usar lenguaje psicológicamente adecuado, ¡nos la cagamos!

Para evitar los arrepentimientos posteriores que tarde o temprano llegan, el famoso “¿qué diablos estaba pensando cuando hice/dije eso?”, mejor saber de antemano algunas de las cosas ante las cuales es mejor abstenernos, para así poder, como sugiere el titulo de este post, romper sin romperse en el proceso.

¿Podemos seguir no siendo amigos?

Si no hay nada mas incomodo que quedar en el “friend zone” con una amistad que deseamos fuera más que eso, imagínense el efecto contrario. ¿Cómo que no, cierto? Es muy difícil ser amigos después de haber sido pareja, y a la vez, es un poco insultante hacer la propuesta, aun con las mejores intenciones.

La pregunta a hacerse es “¿Por qué quiero seguir siendo amigos con mi ex pareja?” y no deja de ser una pregunta muy importante, que nos dará información muy valiosa sobre nosotros mismos. ¿Nos da miedo romper ese vínculo y buscamos preservarlo a toda costa? ¿Queremos estar ahí como amigos por si nuestra ex pareja tiene un cambio de opinión? ¿Nos sentimos culpables por romper y creemos que le estamos “haciendo un favor” a nuestra ex pareja al ofrecerle la dizque “segunda mejor opción de ser amigos”?

Mucho cuidado, porque esto puede estar diciendo mucho de:

- Tu codependencia: Aquí puedes ser codependiente de dos maneras diferentes, y ambas son malas. Primero, ofreces tu amistad porque estas tan enfocado en el bienestar de la otra persona que te olvidas de tu propia necesidad de estar solo en este momento y hacer tu duelo como se debe, y a la vez le quitas ese derecho o permiso a la otra persona. Segundo, te aterra tanto estar solo que prefieres aceptar la “segunda mejor opción de ser amigos” antes que quedarte solo. El miedo a estar solos es terrible consejero, si te sientes así, te aconsejo mejor ir a terapia y aprender a sobrellevar tu soledad y tu codependencia. Te aseguro que se puede con las dos.

- Tu apego: Si te cuesta despegarte, estás apegado. Así de simple. No es casualidad que para las personas codependientes, el apego es también un tema difícil. ¿Sabes qué? ¡También se aprende a desapegarse! El apego es básicamente la manera en la cual nos relacionamos con las demás personas y es algo que aprendemos desde muy pequeños de nuestros cuidadores primarios. Una vez conocemos, y entendemos, nuestro tipo de apego, ¡empezamos a entender tantas cosas! Todos esos patrones disfuncionales que seguimos repitiendo pareja tras pareja se nos hacen evidentes y aprendemos a desaprender y reaprender. Vale la pena, un apego saludable es sinónimo de relaciones saludables y también de rupturas saludables. Porque no te puedo garantizar que no habrán mas rupturas en tu futuro, pero si te puedo garantizar que estas pueden ser más sanas (y menos, mucho menos, dolorosas).

- Tus triangulaciones: ¿Qué papel estás jugando con esto de seguir siendo amigos de tu ex pareja?

¿La victima? ¿La pobre personita que no puede sobrevivir sin su pareja y necesita que se quede, más no sea como amiga? ¿La personita que es tan poquito que se conforma con lo mínimo que le dejen, las migajas o la segunda mejor opción, ser amigos antes que no ser nada? No estás vendiendo tu dignidad barato, ni siquiera la estas regalando, la estas entregando y pagando encima para que te la reciban.

¿El salvador? ¿Necesitas ofrecer tu mano amiga, porque sino tu pobre ex pareja no podrá salir delante de esta ruptura tan dolorosa? A revisar ese narcisismo y esas proyecciones, porque o te estás creyendo mas (y creyendo menos a la otra persona) o estas proyectando esas necesidades (que encuentras inaceptables en ti) en esa otra persona.

¿El perseguidor? Aquí puedes jugar de dos maneras, puedes ser la persona que se queda en el rol de amigo para “perseguir” a su ex y conseguir que regrese o puedes ser esa amistad que aprovecha cada instante, momento y oportunidad para recordarle a tu ex pareja vuelta amiga lo que fueron, lo que ya no son, lo que quisieras que sigan siendo, el daño que te hizo, lo mal que te dejo, etcétera, etcétera. Mucha manipulación aquí, mucho juego y mucho drama. ¡Salte del triangulo!

- Tu falta de asertividad: La falta de asertividad, la incapacidad de decir “No” es otra lamentable secuela de la codependencia. Y cuando hay una ruptura, es aquí que se pone a prueba la asertividad, porque a ese impulso (propio, de la otra persona, o mutuo) de querer seguir siendo al menos amigos hay que decirle “No” de una manera firme, no tajante, no hiriente, pero si firme. Por el bien de los dos.

La ruptura conduce al duelo, es el momento de separar las cosas, y no hay manera de llevar adelante un duelo saludable si siguen siendo “algo” cuando ya dejaron de serlo.

Ojo, no quiero decir que nunca más podrán ser amigos o que la amistad murió junto con la relación. Personalmente, creo que es muy bonito poder preservar la amistad que hubo en algún momento de la relación una vez que dejaron de ser pareja, pero no hay ninguna regla, ley ni norma que dictamine que tenga que ser así, es una cuestión de lo que ambos (cada quien por su parte) decida y como se sienta mas cómodo.

Pero primero hay que darle tiempo al duelo, a la elaboración de esa perdida, al procesamiento de esas emociones y a la cicatrización de esas heridas, y quizás en este momento, esa petición de amistad bien intencionada solo sirva para hurgar en la herida. Si después del duelo, hay espacio para la amistad, verán que esta surge espontáneamente. Y si no, no es el fin del mundo, de la misma forma que la ruptura no lo fue. Nos vemos en el camino. - Izzy

Fragmentos extraídos del articulo “Dos and Don'ts for Getting Over a Breakup” por Julie Hanks http://relationships.answers.com/breakups/dos-and-donts-for-getting-over-a-breakup

jueves, 15 de octubre de 2015

El sensitivo arte de ser feliz en pareja.


Las parejas felices hacen cosas específicas que aseguran la satisfacción. Si miramos con detenimiento, nos daremos cuenta de que son cosas bastante simples, pero definitivamente vale la pena hacerlas, y por simples que parezcan, ¡qué pena que son esas mismas cosas que tantas veces olvidamos hacer con nuestra pareja! Así que lean con atención y detenimiento, ya sea para hacer más felices su vida en pareja actual o la futura, ¿vale?

Tómate el tiempo de sentir a tu pareja… ¡y dejar que te sienta! O sea, ¡siéntanse!

Si, ya sabemos que tú y tu pareja comparten una conexión emocional, pero si descuidan la conexión física, esa conexión emocional no va a subsistir solita. La clave está en ¡conectar, conectar, conectar! Esto es especialmente valido en esta época de redes sociales y WhatsApp, donde cada vez pasamos más tiempo tocando nuestros teclados en vez de tocar a nuestra pareja. ¡No me echen cuentos, que la pareja siempre se va a sentir más rica al tacto que un teclado de plástico! Al conectar físicamente, nuestro órgano afectivo y sexual más poderoso (nuestro amadísimo cerebro) segrega oxitocina, la hormona favorita de los psicólogos, la hormona del amor y del apego (apego del bueno, del sano, del que se siente bien, rico, ¡sabroso!). 

Después de un tiempo de vivir en pareja, ¿no se sorprenden dándose esos besos de medio segundo antes de despedirse por la mañana o al reencontrarse en la tarde, esos que veían de niños o adolescentes en la tele y juraron que jamás darían a la persona que más aman? Que pasa, pasa, el tema está en atajarse antes de que se vuelva costumbre (y mala costumbre, por cierto) y tomarse tiempo para cada beso, cada abrazo, cada arrumaco… ¡acuérdense de esas primeras citas cuando recién se conocieron! Es más, no se queden con el recuerdo, ¡recréenlas! Las parejas felices se toman su tiempo sintiéndose mutuamente (Hey, esto no solo es romántico, ¡también es muy sensual y erótico!). 

¡Dejen que esa oxitocina haga su trabajo!

Dicen que las parejas felices son más felices cuando duermen juntas y desnudas, ¡y el clima de Panamá ayuda! Boten (o regalen, o donen) esos pijamas, y sweaters XXX-Large (en serio, ¿pijamas en Panamá?) y vuelvan a dormir como en las épocas antiguas, que a la oxitocina no le gusta usar mucha ropa. - Izzy

jueves, 8 de octubre de 2015

A la mujer no se la "conquista".








El amor es un tema recurrente, tanto en la vida como en la psicología y soy fiel creyente de que no todas las respuestas a las preguntas de la vida se encuentran siempre en la psicología, sobre todo cuando se habla de algo tan universal como lo es el amor, y a veces las respuestas se encuentran en otros lugares.

Después de todo, la psicología nace de la filosofía y para mi uno de los filósofos modernos más admirados es Alejandro Dolina, escritor, músico, conductor de radio y de televisión y actor argentino, quien realizó estudios de Derecho, Música, Letras e Historia.

A raíz de una serie de pensamientos acerca de este tema del amor que han estado rondando en mi cabeza últimamente, decidí buscar el canal más adecuado para canalizarlos y la serendipia me llevó a reencontrarme con fragmentos de entrevistas, diálogos y disertaciones varias de Alejandro Dolina al respecto, muchas de las cuales resonaron en mi significativamente, pues comparto en gran parte la esencia de muchos de sus pensamientos sobre este asunto.

Hay mucho material por cubrir y seguramente este será el primero de muchos posts sobre el amor, las mujeres y la perspectiva de Alejandro Dolina al respecto, y aclaro que la línea de los mismos es más filosófica que psicológica, así que si son amantes de la psicología pura ya están avisados, y si son amantes del amor, las mujeres y la filosofía, también (y si son amantes de la filosofía pura, pueden aplicar el mismo aviso que hiciera respecto a la psicología pura).

Siempre trato de tocar los temas desde una perspectiva unisex (porque la página no está pensada para ser leída por "hombres o mujeres", sino por "hombres y mujeres"), pero como esta serie de posts sobre el amor y las mujeres es menos psicológica y mas filosófica y personal, me tomo la libertad de darle un espíritu y perspectiva más cercana a mi experiencia subjetiva como hombre, ¿vale?

De mujeres “cazadas” y “conquistadas”…

Supongo que el proceso (o arte) de “conocer a la otra persona y permitirse el ser conocido por la otra persona” o “cortejo” (sinceramente la palabra me suena a siglo XIX) es bastante subjetivo, sobre todo cuando algunas personas lo equivalen a una “cacería” o “conquista”. Así tenemos (en líneas muy generales que no implican que no se den los casos inversos, ¿vale?) hombres “cazadores” y mujeres “cazadas” y hombres “conquistadores” y mujeres “conquistadas”.

En lo personal no me cierra el concepto. En todo caso, un hombre te “cazará” si te consideras “presa a ser cazada” y/o te “conquistará” si te consideras “territorio a ser conquistado”.

“¿Cómo se conquista a una mujer?”

Me encantó revisar unas viejas entrevistas de Alejandro Dolina y descubrir que su punto de vista es muy semejante al mío en este aspecto… Ante la pregunta “¿Cómo se conquista a una mujer?” Dolina responde que esto no es necesario. Explica que el amor sucede, una mujer gusta de uno o no gusta de uno.

En cuanto al tener una táctica para ello (la supuesta conquista) contesta que eso es espantoso, lo peor que puede hacer uno frente a una mujer que no lo ama es desarrollar una táctica pues entonces sobreviene el desprecio: “No hay nada que moleste más a una mujer que un tipo que no es y hace fuerza por ser…”

Los dejo para que lo piensen y me encantaría conocer sus comentarios y opiniones al respecto… - Izzy.

jueves, 24 de septiembre de 2015

El amor, la soledad y el apego…



Leyendo a Walter Riso, específicamente su libro: “¿Amar o Depender?” me topé con un pasaje acerca del amor, la soledad y el apego que se me ocurrió compartir con ustedes, esperando sirva para quienes estén aprendiendo o reaprendiendo a vivir solos y quizás ansiosos de más por reencontrar el amor y luchando aún por desprenderse del apego y la codependencia afectiva:

La experiencia me ha enseñado que cuanto menos se busque el amor, mas se encuentra. El deseo descontrolado asusta a los candidatos de cualquier sexo. Si la ansiedad se nota y las ganas te salen por las orejas, espantarás a cuanto ser humano se te acerque. Borra el cartel de tu frente: “Busco pareja”, y cambia su contenido por uno más decente: “Estoy bien así”. Declárate en estado de soledad por un año. Pero no porque estas de mala, sino porque tú lo decidiste: “No voy a tener a nadie durante un tiempo” (claro que si aparece el amor de tu vida, la cosa cambia). Cuando hagas las paces con la soledad, los apegos dejarán de molestar.

Yo se que parece difícil, muy difícil, casi imposible, ¿no? Pero se puede, se los aseguro. Los años sabáticos no son en vano, son una manera de ponernos a prueba, aclarar nuestras ideas, aprender a vivir con la soledad y a disfrutarla, descubrirnos a nosotros mismos y aprender a desapegarnos. ¿Lo más lindo? Una vez superado este aprendizaje, ¡no hay quien nos lo quite!

Como yo digo: “Abierto a la llegada de la persona indicada, y aprendiendo a estar solo mientras tanto.”

Rodearse de amigos, familia, libros, películas, paseos, conversaciones de café y té, compartir y compartirse, nutrirse mucho, cuidarse mucho, quererse más. ¿Y si se pone muy difícil? Siempre hay un terapeuta a la vuelta de la esquina, listo para acompañarlos en este viaje de aprender a estar solos. ¡Se puede! - Izzy

jueves, 17 de septiembre de 2015

Las cuatro etapas del conflicto de pareja I


¡Hola! Hace algún tiempo atrás leí un libro súper interesante sobre la evaluación y tratamiento del conflicto marital que me regaló mi terapeuta (¡qué linda, por eso la quiero un mundo!) y me gustaría compartir con ustedes algunas de las cosas que aprendí. Me tomé la libertad de cambiar el término “matrimonio” por “pareja” para que quienes lean esto y estén (o hayan estado o planean estar) en una relación de pareja - más no necesariamente casados - no se sientan dejados por fuera. :)

La relación de pareja: esferas de acción e interacción.

La relación de pareja es una lucha, una lucha constante para relacionarnos íntimamente con otro ser humano sin ser controlados ni que nos den por sentado. Se identifican cuatro etapas del conflicto de pareja acorde a la duración e intensidad del conflicto. El abordaje terapéutico se basa en varios supuestos relacionados a las diversas esferas en que una pareja actúa e interactúa:

- El contexto social y la familia extendida.
- La diada.
- Triángulos.
- Los integrantes de la pareja como individuos.

El contexto social y la familia extendida.

La relación de pareja existe sobre dos contracaras:

- El contexto social y cultural en el cual la pareja vive.
- Las familias extendidas de las que provienen cada uno de los integrantes de la pareja.

Ambas son fuentes de estrés crónico y agudo para la relación. Este es más difícil de absorber y manejar cuando los integrantes de la pareja están atrapados emocionalmente por el contexto en el cual operan, cuando se sienten limitados a actuar y reaccionar con los mismos viejos patrones y son incapaces de ver formas de respuesta nuevas y creativas.

Los esfuerzos por aumentar la libertad emocional de los integrantes de la pareja para operar de manera más funcional en sus contextos pagan buenos dividendos en la terapia de pareja. Por medio de la libertad emocional nos damos cuenta de y somos más capaces de aceptar nuestras propias fortalezas y limitaciones así como aquellas de nuestra pareja y del sistema familiar multigeneracional del que cada uno es parte.

La diada.

Al interactuar entre sí, los integrantes de la pareja tienden a engancharse en guiones. Estos guiones son a menudo disfuncionales, necesitan ser abordados en terapia e involucran cosas tales como:

- Cómo la pareja se comunica entre sí,
- Cuánto tiempo pasan entre sí,
- Su movimiento de acercamiento y distanciamiento entre sí.

El comportamiento de la pareja entre si es producto del grado y calidad del apego entre ellos.

Triángulos.

Las parejas están constantemente involucradas en triángulos (con sus hijos, con sus suegros, con sus amistades, etc.). En parejas severamente disfuncionales, los triángulos son el tema central de su vida.

Los integrantes de la pareja como individuos.

El bienestar y nivel de funcionamiento individual de cada integrante de la pareja  y el estado premórbido (es decir, anterior a la relación en sí)  de sus respectivos sistemas familiares son factores importantes respecto a qué tan bien funcionarán como pareja.

Nuestras experiencias acerca de nosotros mismos y de los demás a menudo son bastante estrechas debido a nuestra historia personal y familiar. La terapia procura expandir la perspectiva  de cada uno de los integrantes de la pareja acerca de si mismos y del otro para así incrementar su nivel de funcionamiento, reducir su amargura y ayudarlos a lograr el auto-enfoque apropiado, es decir, enfocarnos en nuestra propia  parte en el proceso de pareja disfuncional más que en la parte de nuestra pareja. La habilidad para lograr auto-enfoque y el grado de amargura predicen que tan bien le irá a una pareja en terapia.

Llegamos a la relación de pareja con un doble conjunto de expectativas:

- Esperamos que nuestra pareja duplique las cosas buenas de nuestra familia de origen,
- Esperamos que nuestra pareja compense los daños y déficits de nuestra familia de origen.

Estas expectativas, en épocas de estrés y conflicto son más a menudo dirigidas hacia las limitaciones de nuestra pareja que hacia sus fortalezas.

Espero hayan disfrutado este post y que les ayude a comprender y navegar de manera más saludable y constructiva sus relaciones pasadas, presentes y futuras. - Izzy.

Fragmentos extraídos del libro: “The Evaluation and Treatment of Marital Conflict” (La evaluación y tratamiento del conflicto marital).