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jueves, 25 de enero de 2018

Factores históricos como predictores de relaciones estables, satisfactorias y sexuales.


Reclamar nuestra sexualidad no es fácil, pero hacernos responsables de ella es una parte vital para todos aquellos que desean vivir una sexualidad sana, y por ende, gozar de relaciones más saludables.

Una relación saludable es satisfactoria, estable y sexual. Existen muchos factores que predicen una relación saludable, entre ellos, los denominados “factores históricos”.

Factores históricos:

- Crecer en una familia intacta y funcional;
- Los padres fueron modelos maritales y sexuales buenos (¡no perfectos!);
- Ambos padres funcionaban bien a nivel psicológico.

¡Esto es un tema TAN IMPORTANTE! Nuestra vida sexual comienza desde una edad muy temprana y nuestros padres son nuestros primeros roles de conducta y modelos a seguir e internalizar. Es más, en esto de ser un modelo sexual no hay que ser ni experto ni perfecto, solamente hay que ser lo suficientemente bueno para evitar que un niño crezca con una idea distorsionada (y negativa) sobre la sexualidad en general, sobre su sexualidad y sobre su propio cuerpo.

¿Y qué implican estos factores? Los factores históricos están más allá de nuestro control y no pueden cambiarse (porque están en el pasado), pero el conocimiento de los mismos incrementa nuestra conciencia y esto es lo que nos permite modificar nuestros pensamientos y conductas distorsionadas en el presente y cambiarlos por pensamientos y conducta más saludables.

El enfoque de evaluar estos factores en uno mismo, en la pareja y en la relación es empoderarnos para así crear una relación satisfactoria, estable y sexual. Cuando no podemos ser claros y transparentes acerca de nuestros factores históricos, hay algo ahí que está haciendo ruido, y por más que nos revuelva pensar en ello, es necesario hacerlo, ¡es nuestro instinto de supervivencia, aliado a nuestras fortalezas internas, que nos piden que actuemos positivamente!

Podemos no haber crecido en familias funcionales o no haber tenido modelos de relación y sexualidad saludables (o siquiera existentes), pero todos tenemos los recursos propios para trabajar en ello y crear nuestra propia sexualidad sana (y por ende, un modelo de relación más sano).

Reclamar nuestros factores históricos y aceptarlos es el primer paso, ¡pero qué camino más hermoso es el que nos lleva a una vida emocional, relacional y sexual más sana, más satisfactoria y más real!

Ya saben, ¡que estén bien! - Izzy

domingo, 10 de septiembre de 2017

El valor subjetivo de la virginidad (Parte I).

Un comportamiento fuera de lo habitual en una niña de edad escolar primaria lleva a sus padres a un descubrimiento terrible, que ha sido molestada sexualmente por un familiar cercano. Tras hablar con la niña y llevarla a un médico, los padres descubren que el familiar ha introducido sus dedos en el orificio anal de la niña en repetidas ocasiones, pero no ha habido penetración (coito) anal o vaginal. De entre todas las posibles preocupaciones que los padres de un niño pueden tener al surgir una situación de esta índole, en este caso surge una en particular: la preocupación de que su hija haya “dejado de ser señorita por detrás”.
Tal preocupación por parte de los padres despierta una serie de preocupaciones por parte del terapeuta:
- ¿Por qué la idea de la “pérdida de la virginidad anal” de su hija (provocada por una situación totalmente fuera del control de una niña) les despierta tal nivel de ansiedad, al punto de  aparentemente superar la preocupación por el bienestar psicológico y emocional de ésta?
- ¿Qué ideas, pensamientos y creencias irracionales, rígidas, inflexibles y distorsionadas podrán tener estos padres acerca de la virginidad (y por consiguiente, respecto a la sexualidad)?
- En todo caso, si la niña hubiese “perdido su virginidad anal” bajo estas circunstancias, ¿la querrían o valorarían menos sus padres por ello?

Obviamente la virginidad tiene un valor subjetivo, el cual será percibido de manera diferente por cada uno de nosotros, y el escenario arriba descrito me puso a reflexionar seriamente acerca de este concepto o constructo tan subjetivamente evaluado, sobre todo cuando nuestras creencias sobre el tema amenazan nuestra salud y bienestar mental, psicológico y emocional o la de aquellos en nuestro entorno.

“Triunfo de la castidad”, de Lorenzo Lotto, 1530.

¿Qué es la virginidad?
La virginidad es el estado de una persona que jamás ha tenido relaciones sexuales (coito o copulación). Existen tradiciones culturales y religiosas que colocan valor y significado especial a este estado, sobre todo en las mujeres, asociados a nociones de pureza, honor y valía. Tradicionalmente, el concepto de la virginidad involucra la abstinencia sexual antes del matrimonio, así como temas morales o religiosos con consecuencias (estigma) en términos de estatus social y relaciones interpersonales.
La pérdida de la virginidad por medio de la violación está sujeta a debate (es, por lo tanto, subjetiva), con la creencia de que la virginidad solamente puede “perderse” por medio del sexo consensual.
El concepto de virginidad tiene significación solamente en contextos sociales, culturales y morales particulares. No refleja ningún imperativo biológico conocido y no provee ningún tipo de ventaja evolutiva demostrable.

¿Cómo se pierde la virginidad?
Existe mucha subjetividad respecto a qué tipos de actividades sexuales resultan en una pérdida de la virginidad. La perspectiva tradicional (entiéndase el punto de vista más común) plantea que la virginidad se pierde solamente mediante la penetración vaginal por el pene (sea ésta consensual o no). Por ende, actos de sexo oral, sexo anal, masturbación mutua y otras formas de sexo no penetrativo no resultarían en una pérdida de la virginidad.
Si se fijan, esta perspectiva no resulta de mucha utilidad para la población homosexual (no hay penetración vaginal entre hombres Gay y no hay pene presente en las relaciones sexuales entre mujeres lesbianas). Por lo tanto, aquellas actividades que para la “perspectiva tradicional” no implican una pérdida de la virginidad bien pueden hacerlo para las personas homosexuales.  
Por lo tanto, podemos argumentar que la percepción de qué actos sexuales son relativos a la pérdida de la virginidad variarán acorde a aquellos actos que correspondan a la orientación sexual de cada uno.

Bien, ya sabemos qué es la virginidad (algo muy subjetivo) y cómo hacer para perderla, o conservarla (tanto o más subjetivo). En la próxima entrega vamos a ver por qué la virginidad femenina no es lo mismo que la virginidad masculina… ¿o lo es? ¿O no lo es? - Izzy

jueves, 24 de agosto de 2017

Arrepentimientos sexuales.


Todos alguna vez nos arrepentimos de haber tenido (o dejado pasar) algún encuentro sexual. Esas decisiones que se toman en el calor del momento y que luego nos hacen preguntarnos en qué estábamos pensando cuando las tomamos. A veces nos sentimos mal por lo que hicimos, y peor aún por lo que dejamos de hacer, es decir, ¡bienvenido arrepentimiento!

La pregunta del millón es: ¿los hombres y las mujeres nos arrepentimos de lo mismo?

Un grupo de psicólogos emprendió una investigación para hallar la respuesta y encontraron grandes diferencias entre hombres y mujeres en relación a sus arrepentimientos sexuales.
El estudio, liderado por el doctorando en psicología social Andrew Galperin y la profesora de psicología social Martie Haselton y publicado en la edición actual de “Archives of Sexual Behavior” muestra como emociones humanas tales como el arrepentimiento juegan un rol importante en la supervivencia y reproducción.

Aunque yo siempre digo que las diferencias no necesariamente pautan la norma, sigue siendo interesante ver cómo diferimos hombres y mujeres. Mientras que los hombres nos arrepentimos mas de no haber tomado acción ante un potencial encuentro sexual, las mujeres se arrepienten mas por haberse involucrado en encuentros casuales (de una sola noche o los famosos “one night stands”).

El arrepentimiento sexual puede experimentarse como algo negativo, pero parece ser altamente funcional al orientarnos hacia decisiones sexuales adaptativas, ¡todo es aprendizaje!

¿Y a que debemos esas diferencias acerca de qué nos arrepentimos hombres y mujeres? Aparentemente, presiones evolutivas.

A través de la evolución, para los hombres, cada oportunidad perdida de tener sexo con una pareja nueva implicaba la perdida de una oportunidad reproductiva potencial. Pero para las mujeres, la reproducción requería una inversión más grande (llevar el embarazado a término y cuidar de las crías). Por lo tanto, los costos del sexo casual eran (y siguen siendo) más altos para las mujeres que para los hombres.

Lo interesante de esta investigación es que es el resultado de tres estudios (replica incluida) e incluye participantes heterosexuales, homosexuales, lesbianas y bisexuales, ¡nadie quedó por fuera!

Más interesante aun fue lo que descubrieron al comparar los tres arrepentimientos sexuales más comunes para hombres y  mujeres:

Las mujeres se arrepintieron más comúnmente de:

1) Perder la virginidad con la persona equivocada (24%)
2) Ser infiel con la pareja actual o pasada (23%)
3) Actuar demasiado rápido sexualmente (20%).

Los hombres se arrepintieron más comúnmente de:

1) Ser demasiado tímidos para hacer una movida frente a una pareja sexual prospectiva (27%)
2) No ser más sexualmente aventureros de jóvenes (23%)
3) No ser más sexualmente aventureros durante sus épocas de soltería (19%)

¿Se imaginan si usáramos una máquina del tiempo para regresar a la prehistoria y aplicáramos este estudio a nuestros antepasados de hace millones de años? Algo me dice que los resultados serían muy similares, ¿ustedes que piensan? En conclusión, si bien los hombres y las mujeres nos diferenciamos a la hora de nuestros arrepentimientos sexuales, seguimos siendo parecidos en lo mismo: millones de años de evolución nos definen. - Izzy

Enlace relacionado: http://www.sciencedaily.com­ /releases/2013/11/131125164745.htm

miércoles, 16 de agosto de 2017

Los asexuales también se masturban… y otras cosas que yo no sabía (y quizás ustedes tampoco) sobre la asexualidad.

“Siempre pensamos que la atracción romántica y la atracción sexual ocurren simultáneamente. Lo que estamos aprendiendo de los asexuales es que parecen ser dos procesos distintos.” Estas son las palabras de Lori Brotto, psicóloga clínica y directora del Laboratorio de Salud Sexual de la British Columbia University. 

La asexualidad se define como una ausencia natural de atracción sexual hacia otras personas y algunos asexuales se identifican asimismo como “arománticos”, incapaces también de forjar conexiones amorosas. Aun así, muchos asexuales reportan tener sentimientos románticos, citas y relaciones.

Tenemos que diferenciar al individuo asexual de aquel que tiene un libido bajo, los asexuales generalmente se desarrollan sin jamás experimentar atracción sexual hacia otra persona o sentir deseos de tener relaciones sexuales con otros.

El DSM-5 rompe el paradigma vigente previamente de la asexualidad al diferenciarla explícitamente de los desordenes de deseo inhibido propio de aquellos individuos que anteriormente mostraban interés en el sexo con otras personas.




Ahora bien, a pesar de no sentirse atraídos sexualmente por otros, esto no implica que los asexuales no estén regidos por todas las demás “leyes de la atracción”, igual que todos los no-asexuales (a falta de mejor término, al menos al momento de escribir esto). Si, pueden sentirse atraídos por atributos físicos de otra persona, simplemente no existe el impulso sexual subyacente a tal atracción.

A las personas asexuales también les agrada la cercanía física, los abrazos, los arrumacos, los besos. Incluso algunos practican comportamientos generalmente percibidos como sexualmente explícitos, pero para ellos, involucra una experiencia diferente (¿qué tal toquetearse simplemente porque se siente bien, sin que implique sexo o excitación?).

Investigaciones sugieren que los asexuales varones se masturban tanto como los no-asexuales, porque se siente bien, reduce la ansiedad o cumple una función fisiológica. De esta manera, dan un motivo utilitario (más orientado a la salud) a la masturbación. No se ustedes, pero yo me quedé pensando por qué se refieren solamente a los varones asexuales, ¿pero supondré que el estudio en cuestión no tuvo participantes femeninas?

Respecto a la actividad sexual y la sexualidad, el Instituto Kinsey promovió una pequeña encuesta al respecto en el 2007, encontrando que los asexuales reportaban significativamente menos deseo de tener sexo con una pareja, excitabilidad y excitación sexual más baja, pero no diferían sistemáticamente de los no-asexuales en sus puntuaciones de inhibición sexual o el deseo de masturbarse.

Y si eres asexual, ¿qué pasa con la orientación sexual? La mayoría de los asexuales reportan una inclinación hacia las relaciones románticas y sus identificaciones respecto a sus orientaciones románticas (preferencia por relacionarse con hombres o cualquiera independientemente de su género) son análogas a las orientaciones sexuales de los no-asexuales.

¿Pueden existir relaciones entre asexuales y no-asexuales? ¿Y por qué no? Estas parejas “mixtas” pueden abstenerse de tener sexo o intentarlo. Tal vez la persona asexual no lo disfrute o experimente de igual forma que la no-sexual, pero puede hacerlo a su manera (quizás satisfaciendo sus necesidades de cercanía física e intimidad, y a la vez disfrutar el complacer sexualmente a su pareja no-asexual).

La asexualidad nos hace ver no solo la sexualidad humana, sino las relaciones desde otra perspectiva. ¿Qué significa realmente la atracción? ¿Cómo se definen las relaciones? ¿Qué conexiones necesitamos para ser realmente felices? ¿Qué desafíos en común enfrentan las parejas asexuales y las no-asexuales? No sé si existan estudios longitudinales sobre parejas asexuales que nos permitan conocer más de su evolución a lo largo de los años, pero es bueno para todos que a esta parte tan fascinante de nuestra sexualidad humana se le esté dando la atención, importancia, estudio e investigación que merece.

La Red de Visibilidad y Educación Asexual (Asexual Visibility and Education Network o AVEN) define a un asexual como “alguien que no experimenta atracción sexual" y plantea que la asexualidad es como cualquier otra identidad, sencillamente una palabra que la gente utiliza para entender quiénes son. Desde esta perspectiva alientan a todos quienes encuentran el termino útil para describirse a hacer uso de el por el tiempo que sea necesario y tenga sentido hacerlo.

Me parece un pensamiento excelente para cerrar este post, ¿ustedes qué piensan? - Izzy

Fuente: "The No-Libido Credo” por Matt Hudson.

jueves, 25 de mayo de 2017

La parábola del niño en el sex shop

Unos padres van caminando por la calle con su niño de la mano y pasan frente a un sex shop. De repente, ¡el niño se suelta y entra! Este niño es una parábola, pónganle la edad o el sexo que deseen, o no le pongan ni lo uno ni lo otro, lo que importa aquí es lo que simboliza.


¿Qué pasa con este niño al entrar al sex shop? Hace lo que todo niño, empieza a mirar, explorar, hurgar, abrir cajas, agarrar, tocar, llevarse a la boca y probar. El no está consciente de la connotación sexual o erótica de estos juguetes, artículos y accesorios. El es movido por la curiosidad, por un impulso de descubrir, explorar y jugar, como todo niño.

Ahora imagínense a sus padres, ¡abochornados, apenados, rojos como tomates, sin saber qué hacer! Le gritan a este niño: “¡No toques eso!” “¡Ay, Dios, eso es un pipí de goma!” “¡Ay, Jesús, eso es una cuquita!” “¡Eso no es para niños!” “¡Eso es solo para niñas!” “¡Eso es malo!” “¡Esto es sucio!” “¡Aquello es feo!”

Finalmente toman al niño, le dan una nalgada, lo agarran del brazo y se lo llevan. El niño, sin la menor idea de qué hizo mal, llora desconsoladamente y aprende una lección muy valiosa: “Sea lo que sea que sea eso, es malo, y yo soy malo por haberlo hecho.”

Seguro a muchos esto nos recuerda a nuestra propia infancia, y a las ideas distorsionadas que nos metieron en la mente sobre el sexo y la sexualidad desde pequeñitos.

Llegamos a adultos, y volvemos a entrar al “sex shop”. Pero entramos con miedo, aterrados, abochornados, sin saber qué hacer, porque esa es la lección, el modelo a seguir, que nos dieron de niños. Y deberíamos comportarnos en este “sex shop” de nuestra sexualidad sana, como aquel niño, haciendo lo que todo niño hace: empezar a mirar, explorar, hurgar, abrir cajas, agarrar, tocar, llevarse a la boca y probar.

Porque si estamos viviendo una “sexualidad sana”, es el permiso que deberíamos tener, sin temor a que nuestros padres (ahora internalizados) se abochornen, apenen, alboroten y nos digan qué es sucio, qué es feo o qué es malo, y si lo es para ellos, y si esa es la única forma en que aprendieron (o les enseñaron) a reaccionar, que sea su problema y no el nuestro. - Izzy

viernes, 23 de diciembre de 2016

¿Ratas de laboratorio fetichistas?


Nuestras primeras experiencias sexuales durante la infancia determinan nuestras preferencias, conductas y actividades sexuales en la etapa adulta. Esto les hace mucho ruido a algunas personas, les cuesta concebir y aceptar que la sexualidad está presente en nuestras vidas y en nuestras interacciones con nuestro entorno desde el momento en que comenzamos a existir.

Desde nuestra relación de apego materno y nuestras primeras exploraciones de nuestro cuerpo, nuestro viaje a través de las etapas orales, anales y genitales de nuestro amigo Freud y todo lo que absorbemos, vemos, oímos, sentimos, olemos y probamos de nuestro entorno va creando nuestra sexualidad, para bien o para mal.

Digo para bien o para mal porque durante nuestra infancia es el momento perfecto para que nos traumen sexualmente, y no me refiero solamente a las situaciones de abuso y agresión de naturaleza sexual, sino a los traumas que ocurren cuando nos crean una noción de culpa y vergüenza acerca de nuestra sexualidad y nuestros cuerpos cuando somos demasiado pequeños para entender por qué “es malo”, “somos malos” o “está mal” cuando nos tocamos, masturbamos o nos surge curiosidad natural por algo.

Estudios científicos con ratas de laboratorio logran acercarnos más a comprender cuanto influyen las experiencias sexuales tempranas en la conducta futura, particularmente este estudio súper interesante que descubrí mientras leía el fascinante libro “S=ex2: La ciencia del sexo” de Pere Estupinyá, el “ladron de cerebros”.

¡Liberen las ratas fetichistas!

El estudio consistía en hacer que las ratas macho tuvieran sus primeras cópulas con ratas hembras impregnadas con esencia de almendra, exponerlas luego varias veces a hembras en celo pero sin esencia y pasado un tiempo situar a los machos en celdas con ratas con olor a almendras y sin él para observar en qué grado preferían a las que llevasen perfume.

Si la preferencia por las perfumadas fuera muy notoria, significaría que las primeras experiencias sexuales pueden condicionar parte del comportamiento sexual de una rata adulta.

Efectivamente las ratas machos cuyos primeros encuentros sexuales se produjeron con hembras impregnadas con esencia de almendras, de adultas tenían una marcadísima preferencia por hembras con ese perfume. Era como si hubieran generado un fetichismo sexual por el olor a almendra. Lo mismo ocurrió cuando expusieron a machos primerizos a hembras ataviadas con chaquetas de cuero.

En el caso de la esencia de almendras y las chaquetas de cuero, nos referimos a estímulos positivos, que generan atracción, no repulsión. ¿Qué pasaría si el estimulo fuera negativo? El equipo realizó experimentos similares al anterior, esta vez con ratas impregnadas ligeramente de cadaverina, una sustancia que ahuyenta a cualquier rata.

En condiciones normales, si se colocase a un macho adulto con ratas en celo impregnadas de cadaverina y con otras que no lo están, a las malolientes ni las rozaría. Sin embargo, cuando esta situación se replica con un macho cuyas primeras experiencias sexuales hayan sido con ratas oliendo a cadaverina, no mostrará preferencia por ninguna.

En caso de rociar un extremo de su jaula con cadaverina, a diferencia de otro macho control que huiría despavorido, el macho condicionado pasaría por allí como si nada. En conclusión, el sexo logra revertir la aversión ante un estimulo programado genéticamente para resultar repugnante.

Las primeras experiencias sexuales generan una especia de impronta. Claro que en el desarrollo de la conducta sexual humana intervienen muchísimos más factores, desde biológicos a culturales; pero, desde luego, los refuerzos condicionados en la adolescencia (y la niñez) pueden influir en las preferencias adultas.

¿Da para pensar, no les parece? Esa es la idea, poder compartirles cosas que voy descubriendo y aprendiendo sobre la sexualidad humana para que podamos pensar, elaborar, procesar, cambiar paradigmas, desmitificar mitos, eliminar tabúes, ser más flexibles, librarnos de culpas y vergüenzas innecesarias y disfrutar de una sexualidad más plena y saludable. De eso se trata, ¿no? - Izzy

Fragmentos extraídos del libro “S=ex2: La ciencia del sexo” por Pere Estupinyá

miércoles, 21 de diciembre de 2016

¿Te puede gustar el BDSM sin que lo sepas?


Según Meredith Chivers, Profesora Asistente de la Universidad de Queen en Kingston, Canadá, las mentes y los genitales de las mujeres responden de manera diferente a la excitación sexual, mientras que en los hombres, las respuestas del cuerpo y la mente están más en sintonía. Es lo que se denomina “concordancia sexual”, el grado de concordancia entre las calificaciones subjetivas (nuestra percepción de estar o no excitados) y medidas fisiológicas (la respuesta de nuestros genitales ante el estimulo) de excitación sexual en hombres y mujeres.

Chivers y su equipo de investigación se tomaron el trabajo de revisar 134 estudios publicados entre 1969 y 2007, que miden el grado de concordancia entre las experiencias subjetivas de excitación sexual y respuestas genitales fisiológicas. En general, los estudios examinaron los datos recogidos de más de 2500 mujeres y 1900 hombres. Los participantes indicaron lo excitados que se sintieron durante o después de que fueron expuestos a una variedad de estímulos sexuales, llamado excitación subjetiva. Midieron las respuestas fisiológicas a los estímulos sexuales que utilizan diferentes métodos, incluyendo cambios en la erección del pene para los hombres y los cambios en el flujo sanguíneo genital de la mujer.

Medidas subjetivas y fisiológicas de los hombres de la excitación sexual mostraron un mayor grado de concordancia que en las mujeres. Para los participantes masculinos, las valoraciones subjetivas más acordes a las lecturas fisiológicas indican que las mentes y genitales de los hombres se ponen de acuerdo con más facilidad. Para las mujeres, sin embargo, las respuestas de la mente y los genitales no estaban tan estrechamente emparejados como los de los hombres, lo que sugiere una división entre los cuerpos y las mentes de las mujeres.

¡Alto, aclaración necesaria!

Antes de que las mujeres se indignen ante la premisa de que sus mentes y sus genitales están en discordancia y que los hombres se hinchen de orgullo desubicado ante la premisa de que sus mentes y genitales están más sincronizados que un monje budista a la entrada del Nirvana, ¡estamos hablando de mayores y menores grados de concordancia a lo largo de un continuo!

Hay mujeres con mayor concordancia y hay mujeres con menor concordancia; y hay hombres con mayor concordancia y hay hombres con menor concordancia. En términos generales (y recordemos siempre que la norma hace a la excepción) los hombres reportamos una mayor concordancia, pero no por merito propio (si, pongan el ego de vuelta de donde lo sacaron) sino por simple cuestión fisiológica: ante la ausencia de excitación subjetiva y presencia de excitación fisiológica, es más fácil para un hombre percibir cuando tiene una erección que para una mujer percibir cuando su vagina esta lubricando.

Después de todo, las taras, complejos, inhibiciones y culpas que tenemos acerca de nuestra sexualidad y de las cosas que nos gustan sexualmente las compartimos tanto hombres como mujeres, ¡así que acá no se salva nadie y de esto aprendemos todos!

Entonces, ¿nos puede gustar el BDSM sin que lo sepamos?

Para prueba un botón, en este caso, un botón sadomasoquista. El equipo de Chivers se propuso detectar qué aspectos específicos del sadomasoquismo general la respuesta erótica. El experimento reunió a un grupo de hombres y mujeres sadomasoquistas y un grupo de convencionales o no-sadomasoquistas (o al menos eso es lo que creían).

Les mostraron dos tipos de imágenes, unas con escenas de dolor, dominancia y sumisión sin ningún tipo de carga erótica (llamémosle sadomasoquismo no sexual) mientras que las otras imágenes también contenían un componente sadomasoquista, más desnudos, vestimentas sugerentes o personas atractivas.

Los sadomasoquistas experimentaban una respuesta de excitación erótica en ambos casos, mientras que los no-sadomasoquistas en general reaccionaban con las imágenes que incluían el componente erótico.

La parte interesante es que las mujeres que estaban experimentando una respuesta de excitación fisiológica ante las imágenes decían que no les gustaba ni excitaba lo que estaban viendo (o sea que subjetivamente no estaban excitadas, o al menos tenían la percepción subjetiva de no estarlo). Chivers observó además que algunas mujeres se excitaban fisiológicamente incluso más que con escenas eróticas similares sin componente sadomasoquista.

Ahora, esto no necesariamente significa que estas mujeres eran sadomasoquistas reprimidas o negadas. El que algo nos excite fisiológicamente más no subjetivamente no significa que nos tenga que excitar, nuestros genitales nos dan una señal, nuestra mente decide qué hacer con ella.

Lo que si significa es que si una persona estuviera predispuesta a explorar algunos aspectos del sadomasoquismo con su pareja, quizás podría descubrir alguna faceta nueva y muy interesante de su sexualidad.

Mientras se haga con respeto, consentimiento, igualdad, confianza y seguridad, vale la pena explorar, ¿no les parece? - Izzy

Fragmentos extraídos del artículo “Agreement of Self-Reported and Genital Measures of Sexual Arousal in Men and Women: A Meta-Analysis” por Meredith Chivers, Michael Seto, Martin Lalumiere, Ellen Laan y Teresa Grimbos y del libro “S=ex2: La ciencia del sexo” por Pere Estupinyá.

lunes, 19 de diciembre de 2016

¿Mentes y genitales en desacuerdo?

Con todas las distorsiones cognitivas, creencias irracionales, pensamientos rígidos, tabúes y miedos con los que nos crían y educan desde la infancia en relación al sexo, no es de extrañar que lleguemos a adultos con un conocimiento muy pobre acerca de nuestra sexualidad, nuestros genitales y aquello que nos gusta y excita versus lo que no. Tenemos muy pocos permisos para explorar y explorarnos, así nuestra sexualidad crece a la sombra de la culpa y el miedo.

Podemos aprender mucho de nuestros cuerpos y genitales, si les damos permiso de enseñarnos y nos damos permiso de aprender, sobre todo acerca de aquellas cosas que pensamos no nos excitan, o al menos eso nos dice nuestra mente, mientras que nuestros genitales nos envían una señal muy alta y clara de que quizás no sea tan así…

Lo que ocurre, como descubrí leyendo el fantástico libro “S=ex2: La ciencia del sexo” de Pere Estupinyá, es que la reacción de nuestros genitales no siempre concuerda con nuestra percepción subjetiva de estar excitados. Nuestra mente puede decidir que algo no nos gusta, no nos atrae y no nos excita mientras nuestro cuerpo y genitales bailan al son de su propia tonada. ¡No nos asustemos, esta es una excelente oportunidad de retar nuestros miedos, desaprender lo que nos enseñaron mal acerca de nuestra sexualidad y aprender lo que realmente nos gusta, nos atrae, nos enciende, nos prende, nos excita… sin tanto tabú, inhibiciones y penas! ¿Nos atrevemos?


Ahora bien, ¿qué es la concordancia sexual? Es el grado de correspondencia entre la respuesta fisiológica de nuestros genitales y la experiencia subjetiva de sentirnos excitados o no. Es decir, los genitales pueden reaccionar a estímulos que nuestra mente no interpreta ni experimenta como excitantes y no ser conscientes de ello.

La concordancia sexual entre mente y genitales femeninos es mucho más limitada que en hombres. Esto se debe, al menos en parte, a que en los hombres es más fácil identificar un principio de erección y asociarlo a sensación de excitación, mientras que algunas mujeres no saben si han lubricado hasta que se tocan.

¡Esto no significa que todas las mujeres experimentan discordancia sexual! Más bien, la diversidad de respuesta es enorme. Hay mujeres absolutamente conscientes del estado de sus genitales (concordancia alta) y otras que no (concordancia baja) y claro, un continuo de gradientes entre ambos extremos.

¿Qué influye en estas diferencias? Según estudios, la concordancia sexual está asociada a mayor nivel educativo y frecuencia de masturbación. Las mujeres que practican meditación o técnicas de relajación también suelen desarrollar mayor concordancia.

¿Y de que sirve una mayor concordancia? Simple: las mujeres con mayor concordancia se declaran más satisfechas con su sexualidad. Como indica Estupinyá:

“Conocer la respuesta de los genitales puede dar información 
útil sobre algunas fantasías  o prácticas que nos pueden 
atraer sin ser del todo conscientes de ello.”

Los hombres también le podemos sacar provecho y aprendizaje a esto, así que los reto a hacerlo, porque de la misma forma en que los genitales femeninos ponen a prueba la mente de la mujer y la obligan a repensar su sexualidad, lo mismo ocurre con nosotros, ¡solo que nuestros genitales son mucho más claros a la hora de transmitirnos el mensaje, y nosotros mucho más rápidos para hacernos los desentendidos!

¿Recomendaciones para ambos sexos? Educarnos más acerca de nuestro cuerpo y nuestra sexualidad; masturbarnos más para conocer mejor nuestro cuerpo, nuestros genitales y qué nos excita; atrevernos más a explorar esas fantasías y prácticas que nos excitan, provocan morbo y/o curiosidad (¡siempre con respeto, consentimiento, igualdad, confianza y seguridad!) y, por qué no, practicar meditación y/o técnicas de relajación, ¡mal no nos viene! Ah, y todo esto lo podemos hacer solos o en pareja. - Izzy

Fragmentos extraídos del libro “S=ex2: La ciencia del sexo” por Pere Estupinyá.

sábado, 17 de diciembre de 2016

¿El sexo nos hace sentir más felices?


¿Ustedes qué opinan? ¿El sexo nos hace sentir más felices? Yo creo que definitivamente si, es más, la pregunta hasta está de sobra, pero siempre es bueno cuando la ciencia nos confirma lo que ya sabemos, ¿no?

Un estudio dirigido en 2010 por el psicólogo de Harvard, Daniel Gilbert, busco responder esta pregunta instalando una aplicación en los smartphones de 2250 hombres y mujeres. El app les preguntaba en momentos aleatorios qué estaban haciendo y cuán felices se sentían (en una escala del 1 al 100).

Encontrarse en una relación sexual ocupaba el top de los tops de la satisfacción y la felicidad, con un puntaje promedio de 92, llevando a la conclusión que el sexo es la actividad que nos hace sentir más felices, al menos de forma temporal.

Aquí hay otras actividades que también proporcionan una medida de felicidad:

- Trabajar (casi al final de la lista, con 61)
- Leer, ver televisión, cuidar a los hijos, oír las noticias (65)
- Comprar (decimo lugar, 68)
- Pasear, rezar, meditar, comer (séptimo lugar)
- Escuchar música (quinto lugar)
- Conversar (tercer lugar)
- Hacer ejercicio (segundo lugar, 77)
- ¡TENER SEXO! (primer lugar, 92) ¡Weee!

Claro, la felicidad es subjetiva, y cada uno la vivencia a su manera. Seguro para muchos tener sexo no es lo que los hace más felices, ¿y saben qué? ¡Eso no tiene nada de malo! Recuerden que estos estudios nos cuentan más sobre nosotros, en términos generales, en promedios, en tendencias, ¡nunca en absolutos! Y además, la norma hace la excepción. ¿Lo importante? Ser felices, lo más felices posibles, y si el sexo ayuda, ¡mucho mejor! - Izzy

Fragmentos extraídos del libro “S=ex2” por Pere Estupinyá.

viernes, 16 de diciembre de 2016

¿Cómo se sabe cuando hay sexo con amor?


¿Cuándo hay sexo con amor? ¡Qué buena pregunta! Creo que el amor se siente en el sexo cuando también está presente en todos los demás aspectos de la relación. Cada parte impregna la otra, le inyecta parte de su esencia y se nota cuando está y se siente cuando falta. El amor aporta profundidad a la relación de pareja, mientras que el sexo le aporta intensidad. ¿En qué medida? Bueno, supongo que eso varía de pareja en pareja, y no es que haya una mezcla perfecta o exacta, sino más bien la que mejor funcione para cada pareja, y para cada uno de sus integrantes. Digamos que mitad y mitad es una buena base, y seguro no se mantiene siempre estable a lo largo de la relación, pero lo importante es que ambos aspectos estén presentes en mayor o menor medida.

Una relación puede seguir ante la ausencia de alguno de estos dos elementos, pero no deja de ser una relación incompleta. Lo interesante de esto es que muchos pensamos que la falta de amor “mata” una relación antes que la falta de sexo, pero en realidad ocurre lo contrario, es más probable que una relación sucumba por la falta de intensidad que por la falta de profundidad.

Digamos que el amor, la profundidad, es el combustible de la pareja, mientras que el sexo, la intensidad, es esa chispa que enciende el motor. Por más lleno que esté el tanque, si no hay chispa, ese motor no va a arrancar. “¡Pero hay muchas relaciones que sobreviven a pesar de la falta de sexo!” dirán muchos. Si, quizás, pero sobreviven, no viven. Y sobreviven porque nos han vendido esta idea, nos la han taladrado en la cabeza desde que somos infantes de que al amor lo puede todo y el sexo, bueno, el sexo es algo secundario.

Piénsenlo, es más fácil imaginar terminar una relación porque no hay amor que porque no hay sexo. ¿Por qué? Bueno, aunque nos sintamos mal por la carencia de cualquiera de los dos elementos, por toda esa enseñanza distorsionada de que el amor es todo pureza y el sexo es algo sucio, nos hace sentir especialmente hijos de puta el ponerlo por encima del amor (¡o siquiera cerca!) en nuestra escala de valores o necesidades o aspectos no negociables de una relación.

La parte complicada de esto, y si, hay una parte complicada, muy complicada, es que estos elementos no solo aportan a la relación, sino que tienen una dinámica entre sí. El amor le da profundidad a la relación y le da profundidad al sexo, y el sexo le da intensidad a la relación y le da intensidad al amor.

Entonces, falta un elemento, o hay un desbalance en esa mezcla de combustible tan particular que nos enciende, que enciende a nuestra pareja y enciende nuestra relación, y empezamos a cojear de una pata. Y si lo que falta es sexo, es más probable que tratemos de disimular mas la renguera que si se tratase de falta de amor, no vaya a ser que nuestra madre, padre y espíritu santo introyectados en nuestro súper yo (o estado del ego padre) se vaya a enojar con nosotros por atrevernos a darnos el permiso de considerar nuestra sexualidad como una parte importante, vital e integral de nuestra vida y de nuestra relación de pareja.

Regresando al tema, ¿cómo sabemos si hay amor en el sexo? Bueno, porque hay amor en otras cosas, las cosas de todos los días, los detalles grandes y pequeños que se comparten: la amistad, la complicidad, la compañía, la conexión, los planes conjuntos, las metas propias y compartidas, la admiración, la fascinación, las tardes caminando por el parque, las noches viendo The Big Bang Theory y comiendo hamburguesas con papas fritas hechas en casa, las cenas de sushi, el llanto y la risa compartidos, las peleas (inteligentes, si son afortunados) que terminan en tremendas sesiones de “make-up sex”, en fin, ¡TANTAS COSAS!

Si no hay nada de esto, o muy poco, o no lo suficiente, quien sabe, quizás solo están teniendo sexo, y eso no tiene nada de malo, si es algo que está claro y consensuado entre los dos. Pero si estás buscando amor en tu sexo y sientes que falta, probablemente es tu intuición o instinto jalándote las mangas de la remera o la basta del pantalón, tratando de avisarte que algo pasa, algo falta, algo. Ah, y el amor a veces es ciego y el sexo a veces nos ciega, ¿pero el instinto? El instinto tiene vista 20/20 y es bien difícil engañarlo. - Izzy

jueves, 15 de octubre de 2015

El sensitivo arte de ser feliz en pareja.


Las parejas felices hacen cosas específicas que aseguran la satisfacción. Si miramos con detenimiento, nos daremos cuenta de que son cosas bastante simples, pero definitivamente vale la pena hacerlas, y por simples que parezcan, ¡qué pena que son esas mismas cosas que tantas veces olvidamos hacer con nuestra pareja! Así que lean con atención y detenimiento, ya sea para hacer más felices su vida en pareja actual o la futura, ¿vale?

Tómate el tiempo de sentir a tu pareja… ¡y dejar que te sienta! O sea, ¡siéntanse!

Si, ya sabemos que tú y tu pareja comparten una conexión emocional, pero si descuidan la conexión física, esa conexión emocional no va a subsistir solita. La clave está en ¡conectar, conectar, conectar! Esto es especialmente valido en esta época de redes sociales y WhatsApp, donde cada vez pasamos más tiempo tocando nuestros teclados en vez de tocar a nuestra pareja. ¡No me echen cuentos, que la pareja siempre se va a sentir más rica al tacto que un teclado de plástico! Al conectar físicamente, nuestro órgano afectivo y sexual más poderoso (nuestro amadísimo cerebro) segrega oxitocina, la hormona favorita de los psicólogos, la hormona del amor y del apego (apego del bueno, del sano, del que se siente bien, rico, ¡sabroso!). 

Después de un tiempo de vivir en pareja, ¿no se sorprenden dándose esos besos de medio segundo antes de despedirse por la mañana o al reencontrarse en la tarde, esos que veían de niños o adolescentes en la tele y juraron que jamás darían a la persona que más aman? Que pasa, pasa, el tema está en atajarse antes de que se vuelva costumbre (y mala costumbre, por cierto) y tomarse tiempo para cada beso, cada abrazo, cada arrumaco… ¡acuérdense de esas primeras citas cuando recién se conocieron! Es más, no se queden con el recuerdo, ¡recréenlas! Las parejas felices se toman su tiempo sintiéndose mutuamente (Hey, esto no solo es romántico, ¡también es muy sensual y erótico!). 

¡Dejen que esa oxitocina haga su trabajo!

Dicen que las parejas felices son más felices cuando duermen juntas y desnudas, ¡y el clima de Panamá ayuda! Boten (o regalen, o donen) esos pijamas, y sweaters XXX-Large (en serio, ¿pijamas en Panamá?) y vuelvan a dormir como en las épocas antiguas, que a la oxitocina no le gusta usar mucha ropa. - Izzy

jueves, 10 de septiembre de 2015

Sexo y Amistad.


El sexo es una parte muy importante en una relación  pero definitivamente no lo es todo en la relación  curiosamente, de la misma forma que todos los demás elementos de la misma son muy importantes (tales como el amor, la comunicación, la confianza, la honestidad, etc.) pero ninguno de ellos lo es todo en la relación.

Es más, dicen que en una buena relación  el sexo compone solamente el 10% de la mezcla, pero, si hay problemas (que bien podrían ser, dependiendo del caso, problemas en la relación, sexuales o ambos), el sexo puede convertirse en un componente que determina el 90% de la relación.

Pero hay otro componente muy importante, que me parece que a veces queda olvidado o relegado entre los múltiples roles que uno juega dentro de la relación y fuera de ella (esposo o esposa, amante, novio o novia, padre o madre, hijo u hija, hermano u hermana, etc.) y este elemento es la amistad.


Si tu pareja es tu amante y tu mejor amigo, siento que la relación tiene fundamentos muy fuertes para hacerle frente a muchos contratiempos, amenazas, crisis y tiempos de tormenta y borrasca, pero si hay un conflicto o déficit en sus elementos, podemos tener una serie de posible escenarios:

Si el sexo funciona y la amistad también: ¡Felicidades! ¡Afortunados son!

Si el sexo funciona pero la amistad no: La relación puede sufrir por ello, ya que la misma difícilmente se sostendrá basada únicamente en el sexo, sobre todo a largo plazo.

Si la amistad funciona pero el sexo no: La relación puede sufrir por ello, ya que la misma difícilmente se sostendrá basada únicamente en el amor, afecta, cariño y amistad, sobre todo a largo plazo. Es más, siento que en esta situación, es más común el tratar de restar importancia al aspecto sexual, porque nos han enseñado que sentimientos como el amor deben ser más importantes que el sexo, o son absolutos e incondicionales, gran distorsión.

Si el sexo no funciona y la amistad tampoco: Triste panorama, creo que poco o nada puede salvar una relación en este estado, salvo el conformismo y la codependencia, y por supuesto que ninguna de estas opciones es saludable y a la larga, es más probable que ambos terminen haciéndose mas daño por ello y terminen resentidos y amargados.

Ahora bien, si uno de los elementos funciona bien dentro de la relación pero el otro no, cual tiene mayor peso, ¿la amistad o el sexo? Es una pregunta difícil y como todo en esta vida, creo que lo más saludable es buscar el mejor balance posible. - Izzy

jueves, 3 de septiembre de 2015

Sexualidad ajena, proyecciones propias.



A veces, la sexualidad ajena nos produce ruido, mucho ruido. Es decir, nos causa incomodidad, ansiedad, molestia, ira, rabia, enojo, etc. Hacemos demandas al respecto, siendo la más común de ellas pedir, reclamar, demandar que Fulana, Mengano, Ricky Martin, Jodie Foster o nuestro vecino de al lado “salgan del closet”.

Pensaríamos que estos personajes están metidos en el closet de la casa y por eso nos provoca tanta molestia y desaire pero no parece ser el caso, ¿o sí? Si no, ¿por qué nos causa tanto ruido el tema?

Ojo, no me refiero solamente al “closet” de la orientación sexual, como si el tener X o Y orientación sexual fuera la única conducta/preferencia/inclinación sexual acerca de la cual nos da pena hablar o preferimos guardar en privado. Hago otra aclaración, aparto de este post toda conducta sexual que no encaja dentro de las tres premisas de la sexualidad sana, vale la pena repetirlas:

Premisa básica #1: Persigue tus fetiches, fantasías, etc., siempre y cuando estos sean legales, consensuales, seguros y respetuosos.

Premisa básica #2: La piedra angular de la ética sexual es la consensualidad (estamos hablando de consentir con plena voluntad y conocimiento y capacidad de discernimiento, aquí no hay áreas grises, es muy claro y muy sencillo cuando alguien consiento o no, y cuando alguien no está en capacidad de consentir).

Premisa básica #3: Aunque la experimentación sexual se alienta, el descuido no. El sexo siempre puede ser más seguro (y hablamos de seguridad física, emocional y mental, no solo evitar un embarazo no deseado o una enfermedad de transmisión sexual, ¡ojo!) y, nos guste o no, siempre será mejor ser menos kinky pero respirar más tranquilos.

Básicamente, si nos hace ruido la conducta o comportamiento sexual de alguien porque el mismo no es consensual y/o puede causar daño a su persona o a terceros, ¡estamos justificados! ¡Ya estamos hablando de otro tema muy distinto!

De no ser así, ¿por qué nos importa/molesta tanto lo que pasa en el closet de otra persona? ¿De dónde surge nuestra necesidad/ansiedad de que esa persona “salga del closet”? Aquí también se hace muy necesario diferenciar el “estar en el closet” (no mostrar o compartir algo por temor, a pesar de desear poder hacerlo) versus “privacidad” (por ejemplo, el estar completamente cómodo con nuestra sexualidad, más disfrutar o preferir mantener la misma en privado).

Aquí entra en juego la proyección.

La proyección es un fenómeno fascinante. Es la transferencia (o proyección) involuntaria de nuestro propio comportamiento inconsciente en otras personas, de forma que nos parece que estas cualidades existen en los demás (mas no en nosotros).

Cuando nuestras emociones o aspectos inaceptables de nuestra personalidad nos causan ansiedad (ruido) atribuimos estas cualidades (como mecanismo de defensa) a objetos externos y otras personas.

Existe un “gancho” que invita a nuestra proyección (nos engancha), alguna cualidad imperfecta en otros activa algún aspecto propio que busca nuestra atención. Todo aquello sobre nosotros mismos que no aceptamos o reclamamos como propio lo proyectamos en los demás.

Por ejemplo, si estamos incómodos con nuestra sexualidad (o la negamos), atraeremos personas incomodas con su sexualidad (o que la niegan) a nuestras vidas (Aclaro: estar incómodos con nuestra sexualidad no tiene que ver solamente con nuestra orientación sexual, ¿okay?), suprimiremos nuestra propia incomodidad/negación y juzgaremos a aquellos que vemos como inseguros/en negación.

Solamente cuando nos mentimos a nosotros mismos u odiamos algún aspecto de nosotros obtendremos una carga emocional del comportamiento de otra persona. Partiendo de esta premisa, resulta relativamente fácil darse cuenta cuándo estamos proyectando:

“Si la persona o cosa en el ambiente nos informa, probablemente no estamos proyectando. Si la persona o cosa en el ambiente nos afecta, probablemente somos víctimas de nuestras propias proyecciones.”

Nuestra indignación sobre el comportamiento de otros usualmente tiene más que ver con un aspecto propio aún no resuelto.

En conclusión, la próxima vez que la sexualidad ajena nos afecte, pensemos y sintamos un poquito antes de actuar, no vaya a ser que lo que realmente nos está incomodando son nuestras propias proyecciones. - Izzy

jueves, 27 de agosto de 2015

Marte, Venus, el Sexo y la Pornografía



Los hombres y las mujeres experimentan el sexo (en la realidad y en la fantasía) de formas distintas. Se dice que los hombres tendemos a orientarnos visualmente, mientras que las mujeres tienden a interesarse más en una conexión o relación.

Al ver pornografía, típicamente un hombre se excita ante imágenes de actos sexuales concretos o partes sexuales específicas del cuerpo. Las mujeres se excitan típicamente por imágenes sexuales que incluyen o al menos infieren algún tipo de conexión emocional entre los partícipes.

Estas diferencias de género también se notan en los adictos al sexo (sin entrar en debate en cuanto a la validez del término, eso lo dejamos para otro post). En un estudio comparativo se encontró que los adictos al sexo masculinos mostraban mayor interés que sus contrapartes femeninas en actividades que objetificaban a la pareja sexual, mientras que las adictas al sexo femeninas mostraban mayor interés en romance y actividades que creaban la ilusión de una relación.

También hay diferencias entre los géneros en cuanto al significado dado a la excitación sexual fisiológica, según estudios realizados. Los hombres se excitan más al ver categorías de personas con las cuales preferirían tener sexo (por ejemplo, hombres heterosexuales viendo mujeres), mientras que las mujeres pueden excitarse con una gama más amplia de imágenes. Esto sugiere que en la excitación sexual fisiológica, hay más en juego para las mujeres que tan solo partes sexuales del cuerpo.

Espero que este post les haya parecido interesante y les ayude a comprender un poco mejor la perspectiva del sexo contrario sobre cómo se vive el sexo, las fantasías y la pornografía; e incluso a conocer mejor nuestra propia sexualidad. - Izzy

Fragmentos extraidos de "Men, Women, and Sexual Objectification", por Robert Weiss.

jueves, 20 de agosto de 2015

Factores históricos como predictores de relaciones estables, satisfactorias y sexuales.



Reclamar nuestra sexualidad no es fácil, pero hacernos responsable de ella es una parte vital para todos aquellos que desean vivir una sexualidad sana, y por ende, gozar de relaciones más saludables. Yo creo que la vida sexual tiene que ser kinky, muy kinky (*), pero he descubierto que por más kinky que sea, si no está integrada dentro de una sexualidad sana y una relación sana, te quedas a medias, y te hace ruido, ¡MUCHO ruido!

El Dr. Barry W. McCarthy comenta que una relación saludable es satisfactoria, estable y sexual. Existen muchos factores que predicen una relación saludable. El cita una lista de 20 factores, pero en este post quería compartir solamente 3 de ellos,  los denominados “factores históricos”.

Factores históricos:

- Crecer en una familia intacta y funcional;

- Los padres fueron modelos maritales y sexuales buenos (¡no perfectos!);

- Ambos padres funcionaban bien a nivel psicológico.

¡Esto es un tema TAN IMPORTANTE! Nuestra vida sexual comienza desde una edad muy temprana y nuestros padres son nuestros primeros roles de conducta y modelos a seguir e internalizar. Es más, en esto de ser un modelo sexual no hay que ser ni experto ni perfecto, solamente hay que ser lo suficientemente bueno para evitar que un niño crezca con una idea distorsionada (y negativa) sobre la sexualidad en general, sobre su sexualidad y sobre su propio cuerpo.

¿Y qué implican estos factores? Los factores históricos están más allá de nuestro control y no pueden cambiarse (porque están en el pasado), pero el conocimiento de los mismos incrementa nuestra conciencia y esto es lo que nos permite modificar nuestros pensamientos y conductas distorsionadas en el presente y cambiarlos por pensamientos y conducta más saludables.

Como dice el Dr. Barry W. McCarthy, el enfoque de evaluar estos factores en uno mismo, en la pareja y en la relación es empoderarnos para así crear una relación satisfactoria, estable y sexual. Cuando no podemos ser claros y transparentes acerca de nuestros factores históricos, hay algo ahí que está haciendo ruido, y por más que nos revuelva pensar en ello, es necesario hacerlo, ¡es nuestro instinto de supervivencia, aliado a nuestras fortalezas internas, que nos piden que actuemos positivamente!

Podemos no haber crecido en familias funcionales o no haber tenido modelos de relación y sexualidad saludables (o siquiera existentes), pero todos tenemos los recursos propios para trabajar en ello y crear nuestra propia sexualidad sana (y por ende, un modelo de relación más sano).

Reclamar nuestros factores históricos y aceptarlos es el primer paso, ¡pero qué camino más hermoso es el que nos lleva a una vida emocional, relacional y sexual más sana, más satisfactoria y más real! - Izzy

(*) O al menos, que todos tenemos derecho de ser todo lo kinky que podamos ser, siempre dentro de los límites de lo consensual y lo seguro, por supuesto.

Fragmentos extraídos de “What Makes a Happy, Successful Marriage?”, por Barry W. McCarthy.

jueves, 6 de agosto de 2015

¿Qué tan “GGG” eres?


Dan Savage y sus lectores a menudo usan la abreviatura “GGG”, que representa “Good, Giving and Game”, y describe personas que sin necesariamente ser “kinky” están dispuestas a intentar algo nuevo en la cama para mantener felices a sus parejas. Podría hacerles una traducción literal, pero esta perdería todo el sentido de la abreviatura en si, por lo que les cito la palabra original en inglés y su “significado” según Dan Savage:

- Good: Según lo cual, uno debería esforzarse por ser bueno en la cama. No estoy completamente en desacuerdo, pero si considero que “ser bueno en la cama” es un concepto MUY subjetivo, y creo que los altos y a veces inalcanzables estándares que muchos (hombres y mujeres) nos hemos puesto le restan mucha espontaneidad y diversión al sexo. Quizás debería contar más qué tanto te esfuerzas que qué tan “bueno” te consideran (o te consideras). ¿No creen?

- Giving: Se refiere a dar igual tiempo y placer, una formula matemática perfecta. Tomate el mismo tiempo que te tomaste para recibir placer de tu pareja en brindárselo a ella. Si uno llegó al clímax antes que el otro, está bien tomarse un descanso, pero no te olvides que tu pareja también está esperando su momento de placer (o recuérdale que estás esperando el tuyo, si es el caso contrario).

- Game: Significa ir dispuesto a todo, dentro de los límites razonables. Retornando un poco sobre el post anterior, significa darse el permiso de perseguir sus fetiches y fantasías (los de cada uno y los que tengan en común como pareja), siempre y cuando estos sean legales, consensuales, seguros y respetuosos. Como siempre, la experimentación sexual se alienta, el descuido no.

Yo espero que esto les resulte una herramienta útil para conocer mejor su sexualidad en pareja e individual. ¿Qué tan “GGG” hemos sido (o no) en el pasado? ¿Y ahora? ¿Qué podemos hacer para mejorar y ser más “GGG” cada día para que nosotros y nuestra pareja disfrutemos de una vida sexual más plena y saludable? ¡Se los dejo de tarea! - Izzy

jueves, 23 de julio de 2015

¿Nuestra personalidad predice lo que nos gusta en la cama?


A la hora de tener sexo, cada quien tiene sus preferencias y las hay muchas. No me refiero a preferencias que tengan que ver con la orientación sexual, sino más bien con qué nos gusta (o no nos gusta) hacer y que nos hagan sexualmente hablando.

Más interesante todavía, ¿qué es lo que le da forma a estas preferencias tan individuales? Aparentemente, la personalidad juega un rol bastante importante en este aspecto y Ashley Peterson, psicóloga en la Universidad Estatal de Nueva York, realizó un estudio al respecto, examinando cómo una batería de rasgos (de personalidad) predecía preferencias por la masturbación, así como por el sexo vaginal, oral y anal.

Me imagino que más de uno se estará diciendo lo mismo que yo: “Aguanta, hay muchas más cosas que se pueden hacer sexualmente más allá de la masturbación y las distintas variaciones de penetración y estimulación, ¿no?”. Por supuesto que sí, pero aún así, estas nos sirven de base como para darse una idea general (¿o básica?) de qué tan abierta (dispuesta) o cerrada (no dispuesta) esté una persona a experimentar con la variedad en el sexo.

Okay, la teoría de rasgos (una aproximación al estudio de la personalidad en la psicología) es bastante amplia, y existe un rasgo denominado apertura a la experiencia que involucra tener intereses amplios y ser imaginativo, entre otras cosas. Como era de suponerse, este rasgo se correlaciona con una preferencia por la variedad.

Otro rasgo es la extroversión (y su gemelo opuesto, la introversión), pero el ser extrovertido no necesariamente guarda correlación por una preferencia por la variedad. Las personas extrovertidas quizás tengan más sexo, o mejor dicho, sexo con más personas (si esa es su preferencia), pero eso no implica que las personas introvertidas no prefieran la variedad a la hora del sexo (o sea, no juzgues al libro por la portada).

Ciertos rasgos de personalidad son asociables a una aversión hacia cierto tipo de actividades sexuales. Los participantes del estudio con rasgos fuertes de escrupulosidad (escrupulosos, meticulosos, muy conscientes de todo) y agradabilidad (complacientes, empáticos, cooperativos) tenían tendencia a desagradarles el sexo anal (probablemente éstos, al tener mayor consideración por las normas sociales, consideran desagradable el aspecto tabú del sexo anal ¿o están demasiado conscientes al respecto como para disfrutarlo?). 

¿Y qué pasa con el género?

Hombres y mujeres con distintos rasgos de personalidad pueden disfrutar la preferencia por el mismo acto sexual (los hombres neuróticos y las mujeres extrovertidas disfrutan del sexo oral, pero los hombres extrovertidos y las mujeres neuróticas no).

Hubo una medida en la cual no había diferencias entre hombres y mujeres: la preferencia por el sexo vaginal (ambos sexos por igual parecen preferirla).

Recalco que estas son tendencias y correlaciones, ¡no reglas absolutas! Después de todo, el estudio se basa en participantes estudiantes universitarios y factores de edad y maduración pueden sin lugar a dudas afectar la generalidad de los resultados.

De una forma u otra, ¡métanle mente! Si estamos insatisfechos con nuestra vida sexual (y esta falta de variedad nos está haciendo ruido o está afectando nuestra relación de pareja), podría ser que nuestra personalidad (o nuestros rasgos de personalidad) nos estén jugando en contra, buena señal de que es necesario hacerse un afinamiento (ir a terapia) para no dejar que nuestra personalidad (si está demasiado rígida e inflexible) afecte nuestra vida (y salud) sexual. ¿Vale? - Izzy

Fragmentos extraídos del articulo “Sex: Our Sexuality, Our Selves” por Molly Forman.

jueves, 16 de julio de 2015

Tres premisas básicas para una sexualidad más sana.


Hay al menos tres puntos básicos en los que comparto la filosofía de Dan Savage acerca de la sexualidad y los considero aspectos elementales para una sexualidad sana y equilibrada (¡esa es la meta!):

Premisa básica #1: Persigue tus fetiches, fantasías, etc., siempre y cuando estos sean legales, consensuales, seguros y respetuosos.

Premisa básica #2: La piedra angular de la ética sexual es la consensualidad (estamos hablando de consentir con plena voluntad y conocimiento y capacidad de discernimiento, aquí no hay áreas grises, es muy claro y muy sencillo cuando alguien consiento o no, y cuando alguien no está en capacidad de consentir).

Premisa básica #3: Aunque la experimentación sexual se alienta, el descuido no. El sexo siempre puede ser más seguro (y hablamos de seguridad física, emocional y mental, no solo evitar un embarazo no deseado o una enfermedad de transmisión sexual, ¡ojo!) y, nos guste o no, siempre será mejor ser menos "kinky" pero respirar más tranquilos.

¿No es tan complicado, no? Irónicamente, a veces las reglas más simples son las más difíciles de seguir, de igual manera que suelen ser las más efectivas, directas y prácticas. Vale la pena hacer el intento, ¿no les parece? ¡Que estén bien! - Izzy

jueves, 2 de julio de 2015

Violencia física y violencia sexual.


Hace algunos años atrás, la OMS realizo un estudio multipaís sobre salud de la mujer y violencia domestica, destacando que los actos de violencia sexual son mucho menos frecuentes que los de violencia física en la mayoría de los entornos. En los países donde se estudiaron tanto ciudades grandes como entornos provinciales, los niveles globales de violencia infligida por la pareja fueron siempre más elevados en las provincias, con una población rural más numerosa, que en los núcleos urbanos.

Actos, gravedad y frecuencia de la violencia física.

La OMS clasifica la gravedad de los actos de violencia física en función de las probabilidades de que cause lesiones. La bofetada y el empujón se definen así como violencia moderada. El ser golpeada con el pie, arrastrada o amenazada con un arma, o la utilización de un arma contra la mujer, se define como violencia grave.

Según esta definición, el porcentaje de mujeres que alguna vez habían tenido pareja y habían sido víctimas de violencia física grave se situaba entre el 15% y el 30% en la mayoría de los países. Cuando la mujer ya ha sido víctima alguna vez de violencia infligida por su pareja, es muy probable que en algún momento ocurra un acto de violencia grave.

Lejos de tratarse de un hecho aislado, la mayoría de los actos de violencia física infligida por la pareja sigue un patrón de maltratos continuados. La gran mayoría de las mujeres que han sido víctimas de maltratos físicos en manos de sus parejas han sufrido actos de violencia más de una vez, y en ocasiones con frecuencia.

Violencia sexual.

El estudio de la OMS brinda información escalofriante acerca de la violencia sexual en diversos entornos mundiales. Por regla general, el porcentaje de mujeres que declararon haber sido víctimas de abusos sexuales por parte de su pareja oscilaba entre el 10% y el 50% en la mayoría de los entornos abarcados por el mismo.

En la mayoría de los entornos, cerca del 50% de los casos de violencia sexual había sido consecuencia de la fuerza física más que del miedo. En todos los entornos, hubo mujeres que habían sido forzadas por sus parejas a realizar actos sexuales que consideraban degradantes o humillantes.

Superposición entre la violencia física y sexual infligida por la pareja.

El estudio de la OMS ofrece uno de los primeros exámenes entre culturas de los patrones de violencia infligida por la pareja. El patrón más común es que las mujeres sean víctimas de violencia física únicamente, o de violencia física y sexual. En la mayoría de los entornos, entre el 30% y el 56% de las mujeres que había sido víctimas de algún tipo de violencia por parte de su pareja informó que se había tratado tanto de violencia física como sexual.

Extraído de: “Investigación pre-experimental acerca del efecto del Programa de Recuperación Breve (PRB) para Sobrevivientes de Trauma de la Dra. Edna B. Foa y el Dr. David S. Riggs en el tratamiento ambulatorio a mujeres víctimas de violencia atendidas en el Centro para el Desarrollo de la Mujer (CEDEM); Autor: Ezequiel Meilij.

jueves, 21 de mayo de 2015

El sorprendente arte de ser feliz en pareja.

A veces caemos en el equívoco de creer que para seguir sorprendiendo a nuestra pareja, necesitamos de grandes gestos, cuando en realidad, son los detalles pequeños los que mantienen la vida en pareja interesante. Tanto en la cama como fuera de ella, las mejores sorpresas involucran el ser atentos y considerados hacia nuestra pareja. Esos pequeños detalles que le dicen a nuestra pareja “¡Si, se dio...